Comentarios I


Carlos Iván Degrégori

En el vacío sideral nadie oirá su grito". En este libro sí. Aunque son más bien susurros angustiantes, reiterativos, como de mandíbulas chirriando, como de una pesadilla que nunca termina hasta que tienes que admitir que no estás dormido.

Alguien preguntó si era posible la poesía después de Auschwitz. El nacimiento de los monstruos se pregunta si después del amasijo de cadáveres troceados en miles de fosas esparcidas por todo el Perú, es posible que los cuerpos se relacionen pacíficamente, encuentren alguna forma de comunicarse que no sea a dentelladas. De acuerdo a "El nacimiento..." no puede haber encuentro placentero. Pero sí poesía. Buena.

Edilberto Jiménez

Es tan difícil narrar los acontecimientos deshumanizados de los años 80, donde las familias más humildes sufrieron desapariciones, violaciones, torturas, asesinatos, ejecuciones. Tanto dolor cotidiano. Frente a ello ¿fue el arte una voz silenciosa, subterránea, que fue murmurando la verdad sobre las monstruosidades cometidas? Si el lector se detiene en El nacimiento de los monstruos tal vez pueda aguaitar el vía crucis del ser humano sin derecho a la vida.

Mónica Carrillo

"En mi sueño de niña había amigos con amor, despierta solo dientes me agredieron, uñas me cortaron la epidermis, lenguas relamieron de mi sangre, ojos laceraron mi sonrisa…" Este párrafo de mi poema Karma es una remembranza de aquellas sensaciones viscerales que, desde mi primera infancia, se empecinaron en extraerme los y las racistas. Esta niña afro, es para JC, un poco más andina, a veces negra, azul, verde o amarilla. Es “la niña de caderas quebradas”, “la niña negra cubierta de cicatrices”, “la pirámide de niños con la panza reventado en miles de niños de barbas azules”.

El apoderarse y luego destruir las fuentes de poder de aquellos a quienes se quiere avasallar, es una de las principales estrategias de la guerra. Apropiarse del poder del erotismo, del desprejuicio de la infancia, del ritmo quebrado e inquebrantable. Pero aquellos pueblos ancestrales, cuyo ritmo no es una banalidad saltimbanqui, pudieron regerminar la monstruosidad violenta. El nacimiento de los monstruos expresa la muerte de aquella monstruosidad que deja paso al nacimiento de un nuevo ser, que ésta sociedad peruanizada puede percibir como asexuado y amorfo, como desterrado y desarraigado. Es un ser cuyo propio nacimiento es una reparación. Es - en versos de José Carlos- “un ser al que le crece un rostro genérico de millones de años de antigüedad”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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